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La propina en el restaurante: importe habitual, propina con tarjeta y exención

Propina en el restaurante: cuánto dejar, qué dice la ley, la exención de cotizaciones sociales y cómo cobrar una propina con tarjeta.

¿Qué es una propina y de dónde viene la palabra?

Una propina es una cantidad de dinero que el cliente entrega voluntariamente, además de la cuenta, para premiar la calidad del servicio. No es el precio de una prestación. Es un extra, dejado a criterio de quien paga.

La palabra viene del latín propinare, «dar de beber»: se daba al que te había servido lo justo para tomar algo. El francés conserva la misma idea en su término pourboire, literalmente «para beber». El origen sigue siendo legible hoy: una cantidad pequeña, entregada en mano, sin obligación alguna.

Propina, servicio y cuenta: tres cosas distintas

El servicio corresponde al trabajo de sala, ya facturado en el precio de los platos. La cuenta es el total. La propina viene después, aparte. Muchos clientes siguen confundiendo las tres cosas, y de ahí la pregunta que vuelve una y otra vez en la sala: ¿hay que dejar propina cuando el servicio ya está incluido?

La respuesta cabe en una frase: nadie está obligado, pero la costumbre existe. En el sector de la restauración esta zona gris viene de lejos. Y ha tomado un giro nuevo desde que los clientes pagan cada vez menos en efectivo.

¿Qué dice la ley francesa sobre las propinas?

El servicio está incluido en los precios anunciados

Desde 1987, los precios expuestos en los bares y restaurantes franceses son precios netos. El servicio incluido es la norma: no puede añadirse de oficio ningún porcentaje adicional a la nota. Un establecimiento que facturara un «servicio» aparte del precio anunciado incumpliría las normas de información de precios.

Consecuencia directa: ninguna propina es obligatoria en Francia, sea cual sea el tipo de mesa. Un cliente puede no dejar propina sin cometer la menor falta. Rechazarla o comentarla en sala es un error comercial.

El artículo L3244-1 del Código de Trabajo

La ley sí regula, en cambio, qué ocurre con ese dinero una vez dejado. El artículo L3244-1 del Código de Trabajo francés es claro: las propinas entregadas al empresario, o centralizadas por él, deben abonarse íntegramente al personal en contacto directo con la clientela. No pueden quedarse en la caja del establecimiento.

Dicho de otro modo, el dueño no puede quedarse con las propinas. Tampoco puede usarlas para completar un salario mínimo, ni descontarlas de la retribución debida. Son cantidades que pertenecen a los empleados de sala.

La exención sobre las propinas: ¿en qué punto estamos?

Para impulsar la contratación, la ley de presupuestos francesa de 2022 creó una exención temporal. Las propinas abonadas al personal en contacto directo con la clientela quedaban libres del impuesto sobre la renta, de la CSG-CRDS y de las cotizaciones sociales, siempre que la retribución base fuera inferior a 1,6 SMIC (el salario mínimo francés). La medida cubría tanto el efectivo como la propina con tarjeta.

El régimen se ha ido prorrogando año tras año en las sucesivas leyes de presupuestos, hasta 2025. No es permanente. Antes de anunciar nada a tu equipo o a tu gestoría, comprueba la redacción vigente para el ejercicio en curso: la prórroga se decide cada final de año, y si no se renueva, esas cantidades pasan automáticamente a tributar como salario ordinario, con sus cargas.

¿Cuánto dejar en el restaurante? Los importes habituales

No existe ningún baremo oficial. Existen órdenes de magnitud observados en la profesión, que varían sobre todo según el tipo de establecimiento y la duración de la comida.

  • Bar, cervecería, servicio rápido: dejar unas cuantas monedas, o redondear la cuenta.
  • Restaurante tradicional: 5 % del importe total, algo más si la comida se ha alargado.
  • Restaurante gastronómico o con estrella: 5 a 10 %, teniendo en cuenta el trabajo del sumiller y del jefe de rango.
  • Mesa grande o evento privatizado: del 10 % a un importe cerrado pactado de antemano.

Estas referencias valen para Francia. Un cliente de paso por París dejará por lo general algo más que en provincias, porque la clientela internacional ha importado allí sus propias costumbres. Sigue siendo un uso, nunca una regla.

Del lado de la sala, la pregunta «¿cuánto se puede llegar a ganar?» no tiene techo legal. En un servicio bien lleno, un camarero con experiencia se lleva habitualmente el equivalente a unas decenas de euros por noche en un establecimiento tradicional. La cifra depende del ticket medio, de la afluencia y, cada vez más, del medio de pago que se ofrece.

La propina con tarjeta: el verdadero tema del momento

Aquí es donde todo ha cambiado. El pago con tarjeta bancaria y con el móvil domina ya la cuenta en el restaurante. Cuando el cliente no lleva ni una moneda encima, no deja nada, aunque haya salido encantado. No es desinterés: es un problema mecánico.

Desde que nuestros clientes lo pagan todo con el contactless, el platillo del mostrador está vacío. La propina no ha desaparecido; lo que ha desaparecido es la forma de darla.

Hoy conviven tres soluciones para recuperar ese dinero.

El datáfono con opción de propina

La mayoría de los datáfonos recientes permiten mostrar una pantalla de selección antes de validar: importe fijo, porcentaje o no, gracias. Es eficaz e inmediato. El punto delicado es la configuración contable: el sistema debe separar la propina de la facturación, o acabarás pagando IVA sobre un dinero que no es tuyo.

El bote con código QR

Un código QR en la mesa, en la cuenta o en el mostrador lleva a una página de pago específica. El cliente elige el importe, confirma y listo, en diez segundos. La ventaja es separar la propina del cobro de la comida y poder asignarla a una persona o al equipo. Si ya has puesto en marcha una carta digital para tu restaurante, el soporte ya existe y añadirlo no cuesta nada más en material.

El efectivo, que no desaparece

Sigue siendo la fórmula más simple, sin comisiones ni trazabilidad complicada. Continúa representando una parte importante de las propinas en los tickets del mediodía y en las zonas turísticas. Deja el platillo donde está, pero no cuentes solo con él.

El reparto de las propinas entre el personal

Una vez recaudado el dinero, el reparto se convierte en un asunto de equipo. Dominan dos sistemas en el sector.

El primero es la propina personal: cada uno se queda lo que ha recibido en sus mesas. Premia el rendimiento individual, pero crea diferencias entre rangos e ignora por completo a la cocina y al office.

El segundo es el bote común, a menudo llamado «tronco». Todo se junta y luego se reparte según un criterio conocido por todos: a prorrata de las horas trabajadas, por puntos según el puesto, o a partes iguales. Es el modo más extendido en los establecimientos organizados y el más sano cuando el servicio descansa en una brigada.

¿Quién se encarga de repartir? En la práctica, el jefe de sala o el gerente. Nada lo impide, siempre que no se quede nada por el camino y que el criterio de cálculo sea transparente. Ponlo por escrito, cuélgalo en el office y aplícalo la misma fecha cada mes. Los conflictos por las propinas casi siempre nacen de una regla poco clara, nunca del importe.

La propina en otros países: Italia, España, Estados Unidos

Las costumbres cambian radicalmente de un país a otro. Algunos países consideran la propina parte de la retribución; otros, un simple gesto. La tabla siguiente recoge las referencias más útiles para quien viaja y para tu equipo cuando atiende a turistas.

PaísUso habitualForma habitual
Francia5 a 10 %, opcionalEfectivo, tarjeta o código QR, servicio incluido en el precio
ItaliaPoco frecuente, a menudo nula«Coperto» de 1 a 3 € ya incluido en la cuenta
España5 a 10 % en las grandes ciudadesEl redondeo dejado en la mesa, más bien en efectivo
Alemania5 a 10 %Importe indicado al camarero en el momento de pagar
Portugal5 a 10 %Redondeo, normalmente en monedas
Estados Unidos15 a 20 %, casi obligatoriaLínea «tip» añadida en el recibo de la tarjeta

En Estados Unidos, la propina completa un salario base legalmente reducido. No dejar tip se percibe allí como un castigo. En Marruecos, cuenta con un 10 % aproximadamente en restaurante turístico. En Italia, insistir en añadir una propina puede incluso incomodar al personal.

Las costumbres también varían dentro de un mismo país. Barcelona no funciona como un pueblo de Andalucía, ni Milán como Nápoles. La referencia más fiable sigue siendo observar la mesa de al lado. Un cliente que decide no dejar propina en Europa no comete ninguna descortesía, siempre que pague la totalidad de la cuenta.

Cómo conseguir más propinas en sala

La propina premia una experiencia, no solo un plato. Hay palancas con un efecto medible, y ninguna exige una inversión importante.

  • Presentarse por el nombre al empezar la comida: el vínculo personal sube claramente los importes dejados.
  • Pasar una vez durante la comida, sin agobiar, para comprobar que todo va bien.
  • Llevar la cuenta sin hacerla esperar y ofrecer con claridad la forma de dejar propina.
  • Cuidar el final de la comida: es el último recuerdo el que dispara el gesto.

Aun así, la palanca más rentable es técnica: hacer posible el gesto. Un cliente que paga con tarjeta y a quien nadie le ofrece nada no dejará nada. Basta con activar la opción en el datáfono, o poner un código QR en el portacuentas, para recuperar parte de lo que se estaba perdiendo. En una mesa de gama alta, con ticket medio elevado, la diferencia se cuenta rápido en cientos de euros al mes para la brigada: es un punto a tener en cuenta ya desde el diseño de un menú con código QR en restaurante gastronómico.

Un último consejo, válido para todos: háblalo con el equipo antes de cambiar nada. Pasar del platillo a lo digital modifica el reparto real entre los puestos. Una decisión anunciada se acepta; una decisión impuesta hace que se marchen los mejores camareros. Y si aprovechas para digitalizar la sala, resuelve el tema de la propina a la vez que el del menú accesible por código QR, no seis meses después.

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